Cuando la red humana es presencial y directa, como en la formación Germinar.

Vivir sin smartphone: desconexión total

Desenchufarme por completo. Creí que iba a ser hermoso estar sin teléfono ni whatsapp. Quizás me había quedado con una idea romántica de la desconexión total. La última vez que me entusiasmé con un trabajo de periodista —hace apenas tres años— anduve investigando el tema: entrevisté a tres personas que, pese a tener una vida social y profesional activa, no usaban mensajería de whatsapp ¡En en plena década del 2020!

No sé si ustedes saben. Hace un tiempo que mi vida laboral gira en torno a la elaboración de alimentos agroecológicos, aunque sigo con la docencia universitaria y coordino talleres y acompañamientos en torno a la creatividad y la escritura humana.

Entonces yo, con este gen ermitaño (de padre agricultor y madre lectora empedernida. Por algo soy poeta, pues), vengo y pierdo mi teléfono móvil. Entonces caigo, caigo y caigo en el deseo de desconectarme por completo de la pantalla. Nuevamente, porque esto ya me ha pasado antes. Lo curioso es que quedarme sin teléfono no desanima, sino que trae para mí inmensa alegría. Al principio.

desconexión total, smartphone roto

Complicaciones de la desconexión total

semana uno

Pago muy poco por un teléfono que debe llegarme dentro de un mes. Cada una de mis hijas tiene un móvil. Luz (la mayor) usa whatsapp pero Diana aún no, de modo que me ofrece de buena voluntad su aparato, mientras el nuevo viaja desde algún puerto asiático hacia mi querida, liberada y libertaria, aduana argentina.

Una complicación grave es que tengo turno con una psicóloga que me atiende online desde una aplicación que solo funciona solo en smartphone. Y, debido a las restricciones que coloqué en el teléfono de mi hija, no tengo manera de instalarla en el suyo. Tendría que resetear el sistema, como de fábrica. Si lo hago rápido, sin pensarlo demasiado, mi hija va a perder toda su galería de gatitos posando y los dibujos, las intervenciones de fotos que ella hace y a mí tanto me gustan.

Vamos, que esto de no tener a mano el teléfono con whatsapp, esa comodidad del mensajito rápido me ha complicado algunas cuestiones. Ahora toca definir con tiempo horario y lugar para encontrarme con alguien. Además de eso, confiar que ambos lleguemos a tiempo y que hayamos entendido lo mismo, porque no habrá otra opción que llamar, si es que la línea funciona.

El tema acuerdos. Sí, qué rollo. Yo había dado por supuesto que mis hijas se iban con su padre este martes, porque así venía nuestro régimen de visitas. Así lo recordaba yo. Armo planes para el martes, varios planes juntos en el centro, pensando en que tendría todo el día libre para llevarlos a cabo. El caso es que como han llegado hace muy poco de vacaciones, el padre consideraba que se fueran con él el viernes no el martes. En sus planes eso era lógico y conveniente para su organización laboral y familiar. Qué carajo. Así, lunes hasta tarde chateando el padre, a través del whatsapp de mi hija mayor. Ella preocupada, quizás sintiéndose pelota que la tiran de un lado al otro. Esas cosas que por algo yo prefiero organizar en la privacidad de mi teléfono personal.

semana dos

Así van las cosas sin la mensajería que ahora todxs usan, aunque parecía una experiencia que deseaba vivir.

Por otro lado, he avanzado muchísimo con la novela que estoy leyendo. Además, empecé a ordenar una habitación que quiero pintar. Y, por si fuera poco, me he puesto a escribir esta entrada de blog, que hace un buen rato venía postergando la actualización. Publiqué la última hace cinco meses.

El retorno: salir de la desconexión total

semana tres

Finalmente voy a buscar el chip nuevo y se lo pongo al celular de mi hija, que tiene doble sim. Hoy salí a hacer trámites al centro (llevé mis libros Meteoritos a un café divino del Pasaje San Martín, que se llama Café Mundial). El tema es que con chip nuevo igual no anduvieron los datos ni las llamadas ni nada. De nuevo desconectada. Solo me sirvió de GPS y para sacar fotos al café, divino.

Siento que sería lo ideal, retornar sin volver a lo que era. O sea, este retorno en el que utilizo solo plata en efectivo y comunicarme con tiempo con las personas, organizarme y avisar antes que voy que no voy, que llevo yo a mi hijo, que no lo vengan a buscar.

semana cuatro

Lo que menos extraño son las redes sociales. ¿Alguien me extañará ahí? Alguien se habrá ofendido por no recibir mi saludo de cumpleaños, seguramente.

Cuando llega el smartphone chino instalo instagram. A los dos días se llena de seguidores y luego, de pronto, me cambian el nombre de usuario. Quedo de nuevo desconectada de mi red virtual. De manera extraña mi facebook se llena de letras chinas en la computadora.

semana nueve

Pasado el tiempo hago la recapitulación: no funcionó el teléfono chino. Fue dinero tirado a la basura. Ni siquiera para que mis hijas jueguen con él, porque incluso dejó de cargar batería. Tuve que comprar otro, ensamblado en Argentina, Tierra del Fuego. Luz también recibió un teléfono nuevo que le compró el padre. En buena hora, porque también se había roto el que ella estaba usando. Al mismo tiempo, mi hermana Rocío le dio uno que ella ya no usaba, y ahora sobran teléfonos. Pero mejor. Así queda uno de repuesto y evitamos volver a pasar por esto de nuevo.

Lo que me jodió el desenchufe

Tengo clientes que atender. Desde el año pasado retorné a mi puesto en la Bioferia de Mendoza, hermosa red presencial de encuentros que hacen bien. Siempre hay clientes nuevos, referidos por otros, que me escriben para preguntarme si tengo algo específico: raíz de diente de león, raíz de bardana, cascaras de granada… Como suelen ser insumos para tratamientos de medicina natura, entiendo que responderles rápido y darles lo que requieren es una prioridad.

Encontrarme con las personas. Qué difícil quedar con alguien en un día y horario determinado. Eso parece fácil, es algo que hemos hecho toda la vida. Con mi primer novio, cuando cursaba en el instituto secundario, quedábamos vernos el sábados en la iglesia de Rodeo a tal hora y allí estábamos. El tema hoy es ir y confiar en que la otra persona también llegue, sin confirmar una hora antes y sin avisar que voy en camino.

Hacer trámites. Desde hace un tiempo mi obra social ya no funciona con carnet, sino con un número de token. Justo cuando anduve sin teléfono inteligente, para comprar en la farmacia debí sacar antes el número en casa, en la computadora. Menos mal que duraba 12 horas. Pero ahora, en los últimos días, la obra social cambió de reglas y dura media hora. Además, no podía hacer dos trámites seguidos, porque el token sirve para solo una consulta o una compra de medicamentos.

Lo que me enseñó el estar desconectada

Encontré tiempo para hacer tareas pendientes. Por ejemplo, concluí mi formación en el Programa Germinar, que en el último módulo requería repasar y reescribir la biografía individual.

Germinar Mendoza - Formación para facilitadores sociales con orientación antroposófica

Puedo sobrevivir sin mirar Instagram. Pasé tanto tiempo que perdí el hábito (¿habré pasado los 22 días para quebrantar la resistencia de los ganglios basales?). Aunque estuve chequeando en la compu algunas cuentas que siento me aportan valor.

Descubrí que la amistad bonita siempre está. Esa amiga que me escribió para preguntarme cómo andaba, que no había leído ninguna publicación en mis redes.

Dependí menos de la tecnología y ejercité mi mente ¿Si vendo siete caquis, a $900 cada uno y a eso le sumo un queso de $6.500 y una ramita de laurel por $600, cuánto es en total? Con una calculadora lo saco en dos minutos y mis neuronas siguen durmiendo.

¿Cómo hago para llegar al consultorio del osteópata? Ya he ido tres veces pero no recuerdo la calle exacta que sube y me deja a la altura de la clínica. El google maps me ubica al toque pero me permite manejar distraída, desatender mi sentido de la orientación. Si anduviera en colectivo es igual, en otra época yo sabía de memoria los horarios de micros que pasan por la puerta de casa y cuánto demoran en llegar a mis destinos frecuentes. Ahora todo eso queda en manos de una app inteligente que te avisa incluso si viene demorado.

Para seguir leyendo sobre desconexión total

Las entrevistas al periodista, el escritor y el funcionario público nacional que no usaban Whatsapp: La experiencia de quienes eligen vivir sin WhatsApp

Sugiero conocer el blog de Nacho se llama Cartas de la vida y leer su último post donde milita esta idea de desenchufarse de la pantallita: Inteligencia Artificial

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