Detrás de mis deseos
Las necesidades son infinitas. Cuando llega fin de año pienso en lo que proyecto para el ciclo que comienza y la lista parece interminable. Además suele haber deseos que repito.
Detrás de todo, ¿qué quiero, en realidad?

Te acompaño con poesía
Las necesidades son infinitas. Cuando llega fin de año pienso en lo que proyecto para el ciclo que comienza y la lista parece interminable. Además suele haber deseos que repito.
Detrás de todo, ¿qué quiero, en realidad?
Todos copiamos y copiamos
copiamos para llegar y para perdernos
copiamos para construir y para tirar abajo
copiamos y nos dejamos copiar
en una serie infinita
que hará de las prodigiosas obras
y de las extremas injusticias
creaciones de todos.
Para la segunda presentación de mi libro, que fue en la Feria del Libro de Mendoza, armé un video con fotos que representan todo lo que me inspiró para escribir las Sombras de Colores. Me acompañó Fito Páez, con su Mariposa Tecnicolor.
«Julián me había dicho una vez que un relato era una carta que un autor se escribía a sí mismo para contarse cosas que de otro modo no podía averiguar”.
Carlos Ruiz Zafón (La sombra del viento)
Soy un perdedor. No es que acostumbre derrochar dinero en el casino, ni que sea malo jugando al truco, ni que me falte talento para seducir a una mujer. Lo que me sucede es que pierdo todo, todo, todo. Muchas veces he tenido la sensación de llevar algo que solo se me desprende. No entiendo cómo algunas personas pueden acumular y guardar. ¿Alguien de aquí conserva su primer teléfono celular? Bueno, te felicito. Yo perdí todos los que he tenido, menos el que llevo, por ahora.
Ayer a la tarde creí haber encontrado la razón de mis pérdidas. Fue en aquella galería comercial, donde entré casi sin pensarlo tal vez para refugiarme del sol.
La publicación de mi primer libro, este año, planteó en mí un interrogante ¿Ahora escribo para vender? Cien ejemplares de Sombras de Colores recibí en mayo y aún me quedan más de treinta sin entregar. Si lo pienso por este lado, me convendría buscar un trabajo de periodista freelancer y dejar de redactar post en un blog sin publicidad.
Estoy a un paso de comenzar una semana recargada. Se alinearon los planetas para que la primera vez que me plante en un escenario de la Feria del Libro sea tres veces en una. Y cuatro también. Además, con casi ocho meses de embarazo.
No aparece la fórmula perfecta
y repito los pasos en crudo
y descarto posibilidades oblicuas
y consagro elevadas intenciones
pero surge de nuevo
un Para qué todo esto
un De qué sirve tanto
un Quién lo necesita
y mis esferas
mis sustancias
y hasta el hornillo donde apoyo el crisol
vuelan con sacudidas
que nacen en esa parte de mí
que ya aborrecí otras veces.
Y salía a la calle con la ropa impregnada de peste a incienso. El mareo que sentía recordaba los viajes de vacaciones en las sierras de Córdoba, cuando peleábamos con mi hermano para ocupar el mayor espacio del asiento trasero del Ford Falcon. Casi siempre terminábamos manchando el auto. Yo, por el vértigo, y mi hermano por verme vomitar. Mi madre se enojaba muchísimo conmigo, me repetía que debía mirar para adelante el paisaje divino y dejar las revistas de historietas para cuando llegáramos. Mi padre limpiaba y perfumaba el coche antes de continuar camino.