Finalista en un certamen
Ya perdí la cuenta. No sé a cuántos concursos envié poesías, cuentos, relatos y artículos periodísticos. Por eso me sorprendió la noticia: ¡Quedé finalista, por primera vez, en un certamen!

Te acompaño con poesía
Ya perdí la cuenta. No sé a cuántos concursos envié poesías, cuentos, relatos y artículos periodísticos. Por eso me sorprendió la noticia: ¡Quedé finalista, por primera vez, en un certamen!
Ponete a escribir, me ordena Evan Ocáterli y me pregunto desde cuándo es la hermana menor quien le dice a la mayor qué hacer. Evan sabe que tomar una lapicera o un teclado para volcarse puede causar un placer inigualable.
Pero reconozco que siempre hay un pero para dedicarle unos minutos a la tarea, por eso hoy sigo el cosejo de mi hermana. Me siento a unir palabras para el blog y me detengo a mitad de frase, insegura. ¿Le servirá esto a alguien?
Hoy traigo la síntesis de un texto que sirve para comunicarnos libres del lenguaje sexista.
La Suelta, Laura Fiochetta, compartió conmigo un documento muy práctico que en pocas páginas propone un uso no sexista de la lengua castellana. El título es Porque las palabras no se las lleva el viento… y lo escribió Teresa Meana Suárez, una española filóloga, profesora de lengua y literatura castellana en un instituto de secundaria de Valencia y feminista perteneciente a la Casa de la Dona de Valencia.
Al parecer las creaciones posmodernas deben ser intuitivas: software para novatos, páginas web para semi-analfabetos y aparatos simples para alérgicos a los manuales. ¿Y los libros deben ser también intuitivos?
Una entrevista breve a Fabián Casas (argentino escritor de poesía, relatos, ensayos y una novela breve) que achica un poco el abismo: