Niña que duerme
Lo escribí para Luz, mi primera hija, y lo reescribo ahora para Diana.
Guía definitiva para vencer la vergüenza de mostrar tus escritos
Existe un punto de quiebre en la vida de toda persona que ama crear con palabras. Es ese momento en el cual uno se atreve a mostrar sus escritos.
Ese instante, lo que uno siente y lo que nuestro lector dice (o lo que uno entiende que dice) nos marcan a fuego. Puede ese acto determinar incluso si nosotros continuaremos remando en el mar de la escritura o nos dedicaremos definitivamente a hacer cosas más importantes que juntar palabras estúpidas.
Cualquier persona algo despierta puede saber o intuir la importancia de ese momento.
Y estoy convencida de que la elección que hacemos de nuestro primer lector está en sintonía con esa idea. Así elijamos a una persona que nos aliente o a una que nos desampare ante nuestra obra, estaremos buscando lo que necesitamos.
Detrás de mis deseos
Las necesidades son infinitas. Cuando llega fin de año pienso en lo que proyecto para el ciclo que comienza y la lista parece interminable. Además suele haber deseos que repito.
Detrás de todo, ¿qué quiero, en realidad?
CTRL+C
Todos copiamos y copiamos
copiamos para llegar y para perdernos
copiamos para construir y para tirar abajo
copiamos y nos dejamos copiar
en una serie infinita
que hará de las prodigiosas obras
y de las extremas injusticias
creaciones de todos.
Un deseo
Video de Sombras de Colores
Para la segunda presentación de mi libro, que fue en la Feria del Libro de Mendoza, armé un video con fotos que representan todo lo que me inspiró para escribir las Sombras de Colores. Me acompañó Fito Páez, con su Mariposa Tecnicolor.
En el mar violeta
«Julián me había dicho una vez que un relato era una carta que un autor se escribía a sí mismo para contarse cosas que de otro modo no podía averiguar”.
Carlos Ruiz Zafón (La sombra del viento)
Soy un perdedor. No es que acostumbre derrochar dinero en el casino, ni que sea malo jugando al truco, ni que me falte talento para seducir a una mujer. Lo que me sucede es que pierdo todo, todo, todo. Muchas veces he tenido la sensación de llevar algo que solo se me desprende. No entiendo cómo algunas personas pueden acumular y guardar. ¿Alguien de aquí conserva su primer teléfono celular? Bueno, te felicito. Yo perdí todos los que he tenido, menos el que llevo, por ahora.
Ayer a la tarde creí haber encontrado la razón de mis pérdidas. Fue en aquella galería comercial, donde entré casi sin pensarlo tal vez para refugiarme del sol.
Escribir para vender
La publicación de mi primer libro, este año, planteó en mí un interrogante ¿Ahora escribo para vender? Cien ejemplares de Sombras de Colores recibí en mayo y aún me quedan más de treinta sin entregar. Si lo pienso por este lado, me convendría buscar un trabajo de periodista freelancer y dejar de redactar post en un blog sin publicidad.
Primera luna
Una semana embarazada de literatura
Estoy a un paso de comenzar una semana recargada. Se alinearon los planetas para que la primera vez que me plante en un escenario de la Feria del Libro sea tres veces en una. Y cuatro también. Además, con casi ocho meses de embarazo.









