Maglali llegó a casa con los poemas y cuentos que había empezado a acumular más bien como un ejercicio. De allí nacería el primer libro que armamos juntas, Pétalos de Vida. Pero cada vez que nos reuníamos para avanzar en el trabajo de edición, ella hablaba del hogar Jorba de Funes, que en principio se llamó Amparo Infantil. Que había escrito, que había borrado, que había vuelto a escribir, que estaba corrigiendo. A veces se le cortaba la voz cuando hablaba de aquello. A esta mujer grande (que la vida ha hecho fuerte) se le llenaban los ojos de lágrimas; yo no terminaba de entender. Cuando al fin pude leer la historia que Maglali había escrito comprendí el origen de aquellas lágrimas. Pero es mi deber de editora aclarar que en este libro no está reflejado, ni por lejos, el dolor de aquellas vivencias. En estas páginas ustedes podrán conectar con la nostalgia de la autora. La observación de un mundo que ella conoció desde muy pequeña. Esa mirada que luego completó con una carrer...