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Mostrando las entradas etiquetadas como Amor

La inmensa y terrible valentía de volver a enamorarse

Volví a enamorarme a los 39 años. Otra vez me ilusioné y me entregué, como si volviera a los 17. Con esta nueva relación aprendí sobre la valentía de enamorarse. Esa de la que hablaba tanto la Violeta Parra. ¿Por qué hablo en pasado? Este fue el noviazgo más breve de mi vida. Aún así, debo reconocer la intensidad terrible de lo dos veces bueno. Nos dimos la mano por un tiempo breve e intenso. Imagino que en un tiempo voy a mirar esta experiencia con distancia y sé que, como tantas otras veces, va a dejar de doler. También es posible que olvide cuánto molesta el mal de amores. Esa espina que, invisible, permanece hincada en la carne y amenaza con envenenarlo todo. Esa espina que, invisible, permanece hincada en la carne y amenaza con envenenarlo todo. Anabel González Ocáterli Un poema sobre la valentía del amor En este tiempo me ha acompañado un poema que creí bello, aunque hoy no lo sienta tan así. Pese al dolor sé que volveré a tener la valentía de enamora...

Desiguales

Nuestras historias se parecen. Un hilo de seda traza cada punto, bordado infinito.   Nuestras miradas se parecen, encuentran la tarde roja dibujan juntas el amanecer.   Nuestros cuerpos se parecen, saben coincidir en el punto espacio perfecto.   Nuestras almas se parecen en el vértigo voraz de esta vida que desiguala, para hacernos únicos.   Anabel Ocáterli Publicado en el libro Justo ahora que venía callando (2018), poemas reunidos, de Casa Poesía.   Más sobre el libro, aquí .  

Ramos de paz

El tiempo juntos entregó ramos de paz a mi corazón abrí mis brazos y vos estabas allí dispuesto a darte cerré mis ojos y vos estabas allí amé soñarte busqué futuro y vos estabas allí haciendo planes temí acompañar y vos estabas allí para animarme agradezco hoy al destino o al dios que trajo tu flor  

Así

Amarte así: con la luz encendida y los ojos abiertos, mis miserias dormidas y tus sueños despiertos. Amarte así, como si ese fuera el motivo de venir a esta vida, de pasar estos tiempos: yo mirar lo que miras vos sentir lo que siento.

Caballero y princesa

Eras el caballero del corcel blanco, dueño de mitos añejos y caminos extraños. Singular era el brillo que tus ojos tenían, reflejaban en vilo la luz de tu espada fría. Escuchaba a tu boca contar historias valientes e hicimos el pacto de estar juntos siempre. Tomaste mis manos de princesa enamorada, fuimos sólo uno y con eso me alcanzaba. Aún hoy conservás el encanto de años que marcaron el rumbo borrando mi llanto. Brillo propio de tus ojos que reconozco encantada con la historia que contaste sin caballo ni espada. Hicimos la promesa eterna de nunca separarnos después de tantas vidas que pasamos buscando. Anabel González Santiago 2003

Pedido de mujer

Silenciá mis labios con un beso y brindemos por la paz de antiguos amores, unamos nuestras sonrisas en una cuyo brillo natural sea el de tus ojos. Abrí mis manos con tus dedos recorriendo las líneas de mi vida y dejando en el camino invisible la sigla muda que no olvida. Cerrá mis ojos con tu abrazo y jugá conmigo a la escondida, descubrí el velo de mis sombras y dame un motivo para estar viva.