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Caballero y princesa

Eras el caballero del corcel blanco, dueño de mitos añejos y caminos extraños. Singular era el brillo que tus ojos tenían, reflejaban en vilo la luz de tu espada fría. Escuchaba a tu boca contar historias valientes e hicimos el pacto de estar juntos siempre. Tomaste mis manos de princesa enamorada, fuimos sólo uno y con eso me alcanzaba. Aún hoy conservás el encanto de años que marcaron el rumbo borrando mi llanto. Brillo propio de tus ojos que reconozco encantada con la historia que contaste sin caballo ni espada. Hicimos la promesa eterna de nunca separarnos después de tantas vidas que pasamos buscando. Anabel González Santiago 2003

Amigas lágrimas

Las palabras no llegan donde tienen que llegar y a eso sirven las lágrimas que salen a rodar, caminan entre mi ropa y trepan níveos pañuelos, van cayendo en mi almohada y se unen en el sueño. Juegan entre mis cabellos o saltan de la nariz al suelo. Lastiman y lavan al tiempo, quieren correr de prisa para no dejar pruebas, para dar espacio a la risa. Duermen en público, salen en el silencio, se empequeñecen de vergüenza, pero vuelven cuando cae la noche. Son evidencias, son marcas, pero son amigas mías: Están cuando las necesito y saben quedarse escondidas.