La busqué tras el mueble
de un lugar estrellado,
en lo que pensé, ingenua esa noche
y en tu cigarrillo apagado.
Me fijé en las baldosas
de tu diario camino,
de mi constante espera
sin presentir lo que vino.
Le pregunté a las luces
que tu rostro alumbraban,
cuando vos reías
y allí se quedaban…
No supieron dármela
esos temas que volaron
ni la fuga de una amiga,
ni mis años desperdiciados.
Con todos mis sentidos
aún la estoy buscando,
encontrándome al destino
que me sigue conversando.
No fue producto de una hipnosis
ni del roce de tus dedos,
tal vez vos sepás la razón
de por qué tanto te quiero.
Desenchufarme por completo. Creí que iba a ser hermoso estar sin teléfono ni whatsapp. Quizás me había quedado con una idea romántica de la desconexión total. La última vez que me entusiasmé con un trabajo de periodista —hace apenas tres años— anduve investigando el tema: entrevisté a tres personas que, pese a tener una vida social y profesional activa, no usaban mensajería de whatsapp ¡En en plena década del 2020! No sé si ustedes saben. Hace un tiempo que mi vida laboral gira en torno a la elaboración de alimentos agroecológicos, aunque sigo con la docencia universitaria y coordino talleres y acompañamientos en torno a la creatividad y la escritura humana. Entonces yo, con este gen ermitaño (de padre agricultor y madre lectora empedernida. Por algo soy poeta, pues), vengo y pierdo mi teléfono móvil. Entonces caigo, caigo y caigo en el deseo de desconectarme por completo de la pantalla. Nuevamente, porque esto ya me ha pasado antes . Lo curioso es que quedarme sin teléfono n...
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