Ya perdí la cuenta. No sé a cuántos concursos envié poesías, cuentos, relatos y artículos periodísticos. Por eso me sorprendió la noticia: ¡Quedé finalista, por primera vez, en un certamen!
El jurado del V Premio Internacional de Relatos de Viajeras 2013 eligió mi texto Una cerveza, por favor como uno de los treinta a publicar entre "más de un centenar", dijeron los organizadores.
La sevillana Rosa María García presentó el relato que obtuvo el primer premio: Los años cumplidos. También hubo un segundo premio para Patricia Corral, con Septiembre en Sicilia; un tercer premio para Laura Baleztena, que escribió Stromboli, y un accésit para Dominica Capozucca, por el relato Motum Perpetuum.
Fuimos cuatro las argentinas finalistas: Lilian Costamagna (de Bariloche, escribió Espejismo fugaz con arnés), Emma Tuñón (de Río Cuarto, Regreso a casa), Laila Emilia Daitter (Corazón de Castañas), Liliana Villanueva (La cabeza de Lenin) y yo.
El certamen fue convocado por la red social Mujeres Viajeras de viajeras que dio a conocer los resultados a fines de octubre. Ahora está a la venta el libro que contiene los relatos ganadores y los finalistas.
Todavía no me llega el libro prometido, así que poco puedo decir de los otros relatos. El mío, Una cerveza, por favor, trata de un viaje laberíntico por las sierras de Córdoba, justo un paisaje de pinares que murió gracias al incendio forestal de esta primavera.
Si quieren leer el relato, pueden descargarlo tal como se ve en el libro. Entren aquí.
Habrá quien diga que esto es muy poca cosa, que si no quedás arriba en el podio no sirve ¡Al diablo con tanta exigencia! Voy a tomarme una cerveza para celebrar.
Desenchufarme por completo. Creí que iba a ser hermoso estar sin teléfono ni whatsapp. Quizás me había quedado con una idea romántica de la desconexión total. La última vez que me entusiasmé con un trabajo de periodista —hace apenas tres años— anduve investigando el tema: entrevisté a tres personas que, pese a tener una vida social y profesional activa, no usaban mensajería de whatsapp ¡En en plena década del 2020! No sé si ustedes saben. Hace un tiempo que mi vida laboral gira en torno a la elaboración de alimentos agroecológicos, aunque sigo con la docencia universitaria y coordino talleres y acompañamientos en torno a la creatividad y la escritura humana. Entonces yo, con este gen ermitaño (de padre agricultor y madre lectora empedernida. Por algo soy poeta, pues), vengo y pierdo mi teléfono móvil. Entonces caigo, caigo y caigo en el deseo de desconectarme por completo de la pantalla. Nuevamente, porque esto ya me ha pasado antes . Lo curioso es que quedarme sin teléfono n...
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