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La espera de impresiones

Primera impresión Mi madre movía las manos, pero no había abierto la caja que estaba sobre la mesa. Mi padre apagaba el televisor (¡Milagro!). Mi hija, se ponía en puntas de pie y preguntaba qué había ahí. Libros, olor a libros nuevos, amados libros. Apilados, tan prolijos, impecables. Sí, las tapas tenían un color diferente del que aparecía en la prueba de impresión. Sí, eran pocos y casi todos estaban encargados. También estaba Miguel en la cocina. Un vecino, agricultor aguerrido. Ahí no más metió la mano al bolsillo. Quería uno. Antes de que se lo dedicara, me contó de un sueño que tiene desde hace mucho: tener una biblioteca en la casa. Entonces intuí que los sueños de uno son hebras que cruzan los sueños de otros. La espera Los primeros ejemplares volaron. Ni siquiera alcancé a cumplir con las personas que ya me lo habían encargado. A algunas les rogué que esperaran “un poco más”, que ya iba a llegar una segunda tanda, antes de la presentación. Y ahora anoto en una libreta de lecciones aprendidas: No encargar ejemplares en imprentas de Buenos Aires cuando está cerca la Feria del Libro de Buenos Aires. Yo lo hice. Pedí cien Sombras de Colores en la página web de Bubok. La primera vez habían cumplido: veinte días exactos entre la solicitud y la entrega. ¿Por qué pensar que no lo harían de nuevo? Como estaba organizando presentar oficialmente mi primer libro el 23 de abril, Día del Idioma, gestioné la segunda impresión el 19 de marzo. Sobrada de tiempo. Pero la primera semana de abril llegó el primer mail de Bubok que anunciaba un inconveniente, una demora en la imprenta. Les pedí que se apuraran, de todos modos. Me respondieron que la encomienda llegaría "justo" en la semana del 23. El tiempo pasó rápido. Comenzó a picarme la espera en los días previos a la presentación que haría en la Biblioteca Popular Lucila Bombal. En Rodeo del Medio, mi pueblo. Esa tarde del evento, en cambio, el calor de mi gente consiguió que olvidara lo que faltaba. Quique, mi compañero de la vida, y Noelia, una amiga, pasaron una lista donde muchas personas se anotaron. Encargaban un Sombras de Colores. Algunas, con un gesto invaluable de fe, lo dejaron pagado. Con el objetivo de comprar libros que han escrito otras personas, viajé a Buenos Aires la semana siguiente. Allí dejé volar las últimas ilusiones de que mis Sombras vieran pronto el papel. Allí observé un mundo de libros recién impresos que se agolpaban dentro de la 42° Feria del Libro. Y allí también proyecté llevar mi libro el año que viene (a positiva nadie me gana). Regresé y la espera volvió a darme puntadas en distintas partes del cuerpo. “Sabemos que van con un poco de retraso porque no eres la única persona que nos pregunta por su pedido pero en estos momentos no te puedo decir cuándo van a ser entregados”, me responde por mail una atenta servidora de atención al cliente. Hoy se cumplen 50 días del segundo encargo. Invoco la paciencia. El lunes termina la feria. En una de esas para mi cumpleaños, el miércoles que viene, me avisan que Sombras de Colores salió de imprenta. Sería un el mejor regalo. [caption id="attachment_507" align="aligncenter" width="809"]Óleo de Guillermo Rodríguez La Espera. Óleo de Guillermo Rodríguez[/caption]

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